Hace tanto tiempo que no escribo que casi se me ha olvidado cómo se hacía. Supongo que esto tiene su causa, y es que ahora, por fin, soy feliz. Tras años buscándome a mí misma, y a pesar de que sigo sin saber absolutamente nada de mí, he encontrado a alguien que sí parece conocerme, o intentarlo. Alguien que es persona por mí, mientras yo me dedico a soñar. Alguien que me complementa. Pero la felicidad infinita no existe, sólo a plazos; siempre hay inconvenientes, piedras en el camino que dificultan tu llegada al paraíso. Malditos e insolentes obstáculos, con los que, si te obsesionas, te puedes dar por perdida. Como es mi caso.
Anhelamos lo que no tenemos, y no nos conformamos con lo que poseemos. Es por eso por lo que yo soy feliz en el presente, pero necesito asegurarme que lo seré en el futuro. Ahora la vida me sonríe, el sol ilumina mi camino, mi meta. Pero, ¿quién me dice que dentro de dos días, dos meses, dos años, la sonrisa será reemplazada por una mueca de tristeza? ¿Que tras el sol, vendrá la tormenta? ¿Quién me dice que seré tan feliz como ahora, tan dichosa? Necesito saberlo. Ya no es pura curiosidad o intriga; es necesidad. Se está convirtiendo en una obsesión, una enfermedad. Me imagino continuamente numerosas escenas en las que mi vida se desmorona, lo construido hasta ahora se resquebraja en mil pedazos, y vago sin ningún sueño, ninguna motivación con la que seguir adelante. Y me invade el pánico, no soy dueña de mis pensamientos ni de mis actos. Porque la vida ya es de por sí jodida como para ser infelices.
Lo realmente difícil de esto es asumir que para ser feliz te necesito a mi lado. Realmente lo deseo, pero algo me dice que no va a ser así, que tanta suerte no puede ser verdad. Porque alguien como yo no puede ser tan afortunada. Dentro de un período inexacto de tiempo, despertaré del mayor sueño que alguien puede vivir, de la mayor aventura que alguien puede experimentar. Y todo se desmoronará. La chica independiente de aquel entonces, la que no necesitaba a nadie, la que vivía perfectamente sin ataduras, sin sentimientos, ahora totalmente encadenada a alguien, de tal forma que si dicha cadena se deslabona, ella se rompe con ella. Dependo totalmente de este enlace. Y me preocupa mucho, porque amaba mi forma de ser, mi modo de vida aunque no fuera del todo feliz, porque sabía que no iba a haber ningún altibajo, ninguna bajada en aquella montaña rusa, que pasase lo que pasase, iba a mantenerme en aquella línea. Pero ahora me encuentro en la cima más alta de la atracción más estrambótica del mundo, y todo lo que sube, baja. Es cuestión de tiempo que ocurra la inesperada, e inevitable, bajada. Mientras tanto, no me queda otra que esperar su llegada, y disfrutar lo máximo posible esta bendición.