viernes, 6 de marzo de 2015

Yo soy yo y mi circunstancia.

Me gusta. 
Me gusta bailar hasta quedarme exhausta, y que me digan que lo hago bien. El zumo de naranja natural ácido, las uñas largas y bien limadas, el color granate, las faldas y los vestidos con vuelo. El olor de la lluvia, pero desde mi casa. Mi habitación cuando está recogida (que es nunca), cocinar dulces e ir comiéndome los ingredientes por el camino, los lóbulos de las orejas gorditos, hablar inglés y sentirme bilingüe, tener razón y que me la admitan, hacer cosquillas a Jaime, no tener grupo de música favorito porque a medida que pasa el tiempo voy descubriendo uno que me descoloca los esquemas, que la gente se ría de mis gracias, o que por lo menos lo intenten.
Adoro los carlinos con toda mi alma, sin ninguna razón en particular. El Nesquik bien frío de la nevera, la lencería bonita, el olor a libro nuevo, dibujar y que me salga relativamente bien, los pintalabios, sobre todo los oscuros, tumbarme a leer en mi cama hasta que me duelan los ojos, las tardes con mi novio, ir al teatro y salir con buen sabor de boca, las cosas baratas y bonitas, Velázquez y Van Gogh, escribir cuando estoy inspirada y que dé buen resultado, las lentejas, los peluches gigantes y súper suaves, las canciones de Vetusta Morla y verlos en directo, Juego de Tronos y, en particular, Daenerys, ver High School Musical y cantar las canciones mientras me miran raro, el helado de avellana del Palazzo, los carlinos, arreglarme y sentirme guapa.
Me encantan las manifestaciones, y desgañitarme gritando por la causa. La gente crítica, mi pelo cuando está bien peinado, el olor a pintauñas, sentirme orgullosa de mí misma, que la gente a la que quiero esté feliz, que yo esté feliz sin motivo, mi erizo, y más cuando en vez de corretear por ahí se acurruca en mi regazo, abrazar a mi madre, las cenas por ahí con mis hermanos, emocionarme con una película o un libro, los carlinos, que me digan que me quieren. El feminismo, adoro el feminismo y todo lo que ha traído en mi vida.

Pero sobre todo los carlinos. 

No me gusta 
No me gusta el flan ni la música electrónica, sin ninguna base instrumental. Bailar y que me digan que lo hago bien porque me muero de la vergüenza, el té en todas sus variantes, los libros con la letra muy pequeña y sin suficiente interlineado, el olor a tabaco y el tabaco en sí, el color marrón, las fotos en las que salgo de pequeña, con unos 7 u 8 años, la nieve y su amigo el frío. Las películas mal dobladas al español o que el doblador de un mismo actor varíe, el tacto de los sillones y sofás, el sonido de la tiza chirriando en la pizarra, el arte abstracto o moderno, el olor de la gasolina, la gente sudada y que me toquen cuando lo estoy yo.
No soporto la gente ignorante, encontrarme a un vecino en el portal y que me pregunte por mi vida como si le importase, esperar a que llegue el metro, sentirme reemplazada o sustituida por otra persona, las New Balance, el fútbol y que muchas personas pierdan la razón y falten al respeto por ello, el arroz seco, las políticas de derechas, los finales tristes, el gazpacho, que me toquen la barriga, la forma de mis pies, los “chistes” discriminatorios que perpetúan opresiones, los trabajos cooperativos, que se hunda la galleta mojándola en el vaso de leche, el pelo graso, que no me salgan las cosas a la primera, los profesores que tratan con condescendencia a sus alumnos y los libros románticos del tipo Federico Moccia.
Odio la gente machista, racista, homófoba; intolerante en general. La manipulación por parte de los gobiernos, la gente falsa, el aliento a alcohol, llevar chándal, las polillas, saber que no sé y que me lo recuerden, que me elogien en exceso, madrugar, la carne muy hecha, el maltrato animal, las bebidas con gas y los señores que piropean por las calles. No me gusta la gente que no se gusta a sí misma, ni que en momentos no me guste nada de mí. No me gustan tantas cosas que la mayoría no me gusta que no me gusten.