Me gusta.
Me
gusta bailar hasta quedarme exhausta, y que me digan que lo hago bien. El zumo
de naranja natural ácido, las uñas largas y bien limadas, el color granate, las
faldas y los vestidos con vuelo. El olor de la lluvia, pero desde mi casa. Mi habitación
cuando está recogida (que es nunca), cocinar dulces e ir comiéndome los
ingredientes por el camino, los lóbulos de las orejas gorditos, hablar inglés y
sentirme bilingüe, tener razón y que me la admitan, hacer cosquillas a Jaime,
no tener grupo de música favorito porque a medida que pasa el tiempo voy
descubriendo uno que me descoloca los esquemas, que la gente se ría de mis
gracias, o que por lo menos lo intenten.
Adoro
los carlinos con toda mi alma, sin ninguna razón en particular. El Nesquik bien
frío de la nevera, la lencería bonita, el olor a libro nuevo, dibujar y que me
salga relativamente bien, los pintalabios, sobre todo los oscuros, tumbarme a
leer en mi cama hasta que me duelan los ojos, las tardes con mi novio, ir al
teatro y salir con buen sabor de boca, las cosas baratas y bonitas, Velázquez y
Van Gogh, escribir cuando estoy inspirada y que dé buen resultado, las
lentejas, los peluches gigantes y súper suaves, las canciones de Vetusta Morla
y verlos en directo, Juego de Tronos y, en particular, Daenerys, ver High
School Musical y cantar las canciones mientras me miran raro, el helado de
avellana del Palazzo, los carlinos, arreglarme y sentirme guapa.
Me
encantan las manifestaciones, y desgañitarme gritando por la causa. La gente
crítica, mi pelo cuando está bien peinado, el olor a pintauñas, sentirme
orgullosa de mí misma, que la gente a la que quiero esté feliz, que yo esté
feliz sin motivo, mi erizo, y más cuando en vez de corretear por ahí se
acurruca en mi regazo, abrazar a mi madre, las cenas por ahí con mis hermanos,
emocionarme con una película o un libro, los carlinos, que me digan que me
quieren. El feminismo, adoro el feminismo y todo lo que ha traído en mi vida.
Pero
sobre todo los carlinos.
No me gusta
No me
gusta el flan ni la música electrónica, sin ninguna base instrumental. Bailar y
que me digan que lo hago bien porque me muero de la vergüenza, el té en todas
sus variantes, los libros con la letra muy pequeña y sin suficiente
interlineado, el olor a tabaco y el tabaco en sí, el color marrón, las fotos en
las que salgo de pequeña, con unos 7 u 8 años, la nieve y su amigo el frío. Las
películas mal dobladas al español o que el doblador de un mismo actor varíe, el
tacto de los sillones y sofás, el sonido de la tiza chirriando en la pizarra,
el arte abstracto o moderno, el olor de la gasolina, la gente sudada y que me
toquen cuando lo estoy yo.
No
soporto la gente ignorante, encontrarme a un vecino en el portal y que me
pregunte por mi vida como si le importase, esperar a que llegue el metro,
sentirme reemplazada o sustituida por otra persona, las New Balance, el fútbol
y que muchas personas pierdan la razón y falten al respeto por ello, el arroz
seco, las políticas de derechas, los finales tristes, el gazpacho, que me
toquen la barriga, la forma de mis pies, los “chistes” discriminatorios que
perpetúan opresiones, los trabajos cooperativos, que se hunda la galleta
mojándola en el vaso de leche, el pelo graso, que no me salgan las cosas a la
primera, los profesores que tratan con condescendencia a sus alumnos y los
libros románticos del tipo Federico Moccia.
Odio la
gente machista, racista, homófoba; intolerante en general. La manipulación por
parte de los gobiernos, la gente falsa, el aliento a alcohol, llevar chándal,
las polillas, saber que no sé y que me lo recuerden, que me elogien en exceso,
madrugar, la carne muy hecha, el maltrato animal, las bebidas con gas y los
señores que piropean por las calles. No me gusta la gente que no se gusta a sí
misma, ni que en momentos no me guste nada de mí. No me gustan tantas cosas que
la mayoría no me gusta que no me gusten.
No hay comentarios:
Publicar un comentario