viernes, 10 de mayo de 2013

Sin música, la vida sería un error.

La música... ese gran fenómeno inmaterial, o a veces no tanto, por tener la capacidad de darnos la sensación de entendernos, de comprendernos. E incluso de apoyarnos. Un arte que te llena, te proporciona felicidad, placer, dicha. Pueden ser cuatro notas simples, sin necesidad de acordes, ni cambios de tonalidad, textura, timbre. Algo sencillo. Pero que se establece en nosotros de una forma compleja, creando sensaciones, recuerdos, ideas indescriptibles. Tanto, y a la vez tan poco. Y es que, ¿quién no es feliz con la música? Hasta el ánimo del ser más desdichado del planeta consigue aumentar aunque sea un mínimo al escuchar su canción favorita. Pañuelo para muchos, estupefaciente para otros. E incluso todo a la vez, en la misma melodía. Algo... maravilloso. Brutal. Sensacional. Creo que no hay palabras para denominarlo.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Coming back.


Es cómico el hecho de que la mayoría de gente se derrumbe y eche su ánimo por la borda porque una persona desaparezca de su vida sólo sentimentalmente, y no físicamente. Me resulta muy gracioso, y más porque muchas veces es por su culpa, por eso que llaman orgullo. Que con un simple “lo siento” lo podrían solucionar, pero se arriesgan a aumentar los días sin hablarse, la distancia entre ambos, aunque sean tan sólo centímetros físicamente, pero kilómetros con respecto a su relación, sus momentos, historias, sentimientos. Me produce hasta risa que lloren en cada esquina, se arrepientan de cada hecho mal cometido, cuando con un solo “click” pueden volver a ser felices. Ojalá todo fuese tan fácil. Ojalá yo pudiera hacer lo mismo. Pero no.

Recuerdo aquel día con verdadero pánico. En sí la tarde no estuvo mal, hubo risas, locuras, lo que acostumbraba a hacer cuando estaba con ella. El problema fue el final. Creo que ha sido una de las veces que más he llorado, cuando no suelo hacerlo. Echo la vista atrás, y ese momento de la despedida, en el que me salieron las lágrimas de forma instantánea, sin siquiera tener oportunidad de contenerme, me arruina. Y no cesaron hasta haber terminado el día. Caían, incesantes, como por todos los ojos de los que allí nos encontrábamos. Un final amargo de una historia verdaderamente dulce.

Te abracé todo lo que no había hecho en toda mi vida. No soy mucho de abrazos, no demuestro nada. Y de momento no me arrepiento con nadie, excepto contigo. Has sido de las personas a las que más he querido en toda mi vida, y a las que más quiero, y me destruye el pensar que no te he demostrado todo lo que habría querido y que ahora me es imposible. Me mata. Me odio por no haber sido suficientemente buena contigo, por ese tiempo que estuvimos enfadadas por una gran tontería y no supimos aprovechar. Por dejarte de lado cuando no te lo merecías. Por ser un tanto borde contigo en los últimos días que te quedaban aquí. Supongo que no quería asimilarlo, tan sólo era una ayuda para engañar a mi subconsciente. Siento tantas cosas… tú nunca me has fallado. Y recalco el nunca. Creo que eres la única persona que verdaderamente lo ha hecho. Siempre tenías las palabras, el consuelo, las frases ingeniosas para hacerme sentir bien. Y no pedías nada a cambio. Eres la persona que todo el mundo desea tener a su lado. Y me siento afortunada por ello, aunque te tuviese menos tiempo del que realmente hubiese querido.

Pero lo que verdaderamente me mata es el recuerdo de estar las dos llorando, abrazadas, mientras tú me decías: “nunca tendré una mejor amiga como tú”. Ahora seguramente la tengas. Yo, en cambio, sé que nunca conseguiré sustituirte.

Ha pasado mucho tiempo, un año y medio aproximadamente. Todo ha cambiado. Desde que te fuiste, me he sentido sola numerosas veces, desubicada, desorientada. Sin ti vinieron los problemas. Sufrí mucho, y debido a ello he cambiado. A bien, a mal, quién sabe. Sólo sé que las pérdidas te hacen recapacitar, cambiar. Es curioso cómo aunque sólo te tuviese a ti me sentía feliz, y ahora me rodeo de mucha más gente y me siento sola. Supongo que es por el hecho de que te necesitaba a mi lado. Bueno, y te necesito, aunque ya he aprendido a vivir con ello.

No sé a qué viene que pasado tanto tiempo me ponga a escribir sobre ti. Aunque, la verdad, ya es hora. Te echo de menos desde entonces, y más ahora. Antes, por lo menos, manteníamos el contacto eventualmente aunque fuese por una estúpida red social. Y me hacía feliz: me contabas tus cosas, te contaba las mías, recordábamos antiguas anécdotas, antiguas tonterías que teníamos en común. Era como volver a tenerte a mi lado. Pero ahora has desaparecido de repente, y cada vez lo haces más. Supongo que ya has conseguido desconectar, construir una nueva vida. Pero yo sigo estancada, y no creo ni quiero cambiar.

Me acuerdo absolutamente todos los días de ti, y cada día saco de nuestra caja de recuerdos un momento que creía olvidado. Y sonrío. Aunque también me entristece el hecho de pensar que no habrá nuevos. Y, bueno, no me voy a poner a enumerarlos, porque también creo que eso es una cosa personal, que me quiero guardar.

No leerás esto, pero me da igual. Necesitaba desahogarme, volver a recordar. Llorar. Me dejo muchas cosas, pero creo que es suficiente por esta vez. Te quiero. Y por lo menos sé que allí eres feliz, aceptada. Según tú eras más feliz aquí, pero creo que no. Se te ve abierta, cambiada. Y me alegro. Por lo menos una de las dos ha ido a mejor.

Y, bueno… si alguien lee esto, que se replantee el hecho de perder a alguien que en realidad está muy cerca. Pide perdón ahora que puedes… o será demasiado tarde. 

Ojalá pudiera volver al día en el que escribí esto... porque por lo menos estarías aquí.


Dicen que si una persona se aleja de tu vida, la debes dejar marchar. Es ley de vida: las personas van y vienen. Unas dejan buenos recuerdos, otras malos, y otra minoría simplemente no despierta en ti ningún sentimiento. Esto, por supuesto, no me ha pasado contigo. Es lógico... ¿Cómo no me vas a producir un sentimiento tan fuerte después de 7 años juntas? Es imposible. Y en este caso tampoco vale lo de dejarte marchar... porque te puedes ir físicamente, pero siempre estaremos juntas. Fue una promesa y lo seguirá siendo, porque una puñetera distancia no nos lo va a impedir.

Cuando digo que hemos estado juntas, es literalmente juntas, porque en todos o casi todos mis buenos recuerdos apareces tú.
Me acuerdo cuando llegaste a mi clase en 2º de primaria. Estabas apartada y muy callada, te presentaron a la clase y enseguida te viniste con nosotras. Nuestra amistad se unió mucho más en 3º y 4º, hasta tal punto de pasarnos los recreos solas y hacer mil y una gilipolleces. ¿Ejemplos? Hay muchos: cuando planeábamos mi plan para chocarme con cierta persona (no sé si sabes a quién me refiero...), cuando la avalancha con la que te estampaste, nuestros bailes... han sido muchas cosas, demasiadas como para tirarlas al traste por el simple hecho de que te vayas. Y muy importantes, créeme.


También me acuerdo de esa asquerosa mañana, por 5º de primaria, en la que me dijiste que te marchabas. Se me cayó el puñetero cielo encima. En ese momento fui muy egoísta y sólo pensé en mí, en qué iba a hacer a partir de ese momento. Porque mi vida se basaba en ti, suena muy cursi... pero es así. Fueron pasando los meses, y años, y me hice a la idea de que no te ibas a marchar. Hasta que de nuevo salió la noticia, solo que esta vez era más madura e intenté enfrentarme a la situación. O eso pensaba yo... porque más que enfrentarla, la evitaba. Intentaba no pensar en ello y disfrutar de lo que me quedaba a tu lado, para no arruinar los últimos momentos. ¿Sabes? Todavía no me hago a la idea de que te vas. Supongo que no me la haré hasta que definitivamente no estés a mi lado. Qué putada joder.

Valoro de ti absolutamente todo. Porque me encantan esos momentos a solas, en los que decimos cualquier tontería o en el que con una simple mirada nos lo decimos todo. Y es que no sé cómo coño sucede, pero me entiendes a la perfección... o por lo menos lo aparentas. Que te amo se queda corto. Hay muchas razones, la más obvia por existir, pero no dejemos atrás que eres como mi hermana, y que mientras han pasado millones de personas por mi vida, tú has sido la única que siempre se ha quedado. Y eso es dificilísimo, porque hay días que no me aguanto ni yo. Y es que siempre has estado ahí... SIEMPRE. Hasta por la más mínima rallada, por cada comedura de cabeza... por todo. Puede que no valorara en su momento todo lo que haces por mí y lo mucho que significas, pero dicen que no se echa de menos algo hasta que se pierde. Y es cierto... aunque más vale tarde que nunca, ¿no? 

Estás más que avisada: como no te conectes o no me mandes de vez en cuando un correo, voy para allá, te mato y me vengo. Porque más no puedo hacer, pero no voy a permitir que me olvides. A cambio, yo te prometo que no te voy a olvidar. Que lo eres todo coño... se puede decir más alto pero no más claro. 

Ahora me pregunto con quién voy a compartir mis gustos... porque son prácticamente iguales. Si es que nada va a ser lo mismo...
Hazme un favor anda: sé más abierta. La vida te presenta una segunda oportunidad, y sé que siempre has querido liberarte de esa timidez. Enfréntate a tus miedos ahora que puedes, conoce a gente, equivócate una y mil veces, sueña y vuelve a soñar... pero lo más importante; sé feliz. Y échame de menos cojones, porque no te imaginas cuánto te voy a extrañar y necesitar. Es incontable.
Porque cuando tú te vayas, una parte de mí se irá contigo. Y esa parte es muy grande... así que cuídala bien.

Que por si no lo sabes, estoy aquí para todo, aunque tan sólo sea por una mierda de red social. Que es difícil encontrar amigos de verdad, pero puedo afirmar y gritarlo bien alto que tú eres uno de ellos. Y que para ti soy lo que tú quieras y necesites, que te lo mereces todo.


Creo que sólo queda dar las gracias. Gracias por ser como eres, principalmente, por estar ahí... por todo, que ya está más que dicho. Y que TE AMO mi señora Potato, y que por lo que más quieras, NO LO OLVIDES, Y NO ME OLVIDES.