Es cómico el
hecho de que la mayoría de gente se derrumbe y eche su ánimo por la borda
porque una persona desaparezca de su vida sólo sentimentalmente, y no
físicamente. Me resulta muy gracioso, y más porque muchas veces es por su
culpa, por eso que llaman orgullo. Que con un simple “lo siento” lo podrían
solucionar, pero se arriesgan a aumentar los días sin hablarse, la distancia
entre ambos, aunque sean tan sólo centímetros físicamente, pero kilómetros con
respecto a su relación, sus momentos, historias, sentimientos. Me produce hasta
risa que lloren en cada esquina, se arrepientan de cada hecho mal cometido,
cuando con un solo “click” pueden volver a ser felices. Ojalá todo fuese tan
fácil. Ojalá yo pudiera hacer lo mismo. Pero no.
Recuerdo
aquel día con verdadero pánico. En sí la tarde no estuvo mal, hubo risas,
locuras, lo que acostumbraba a hacer cuando estaba con ella. El problema fue el
final. Creo que ha sido una de las veces que más he llorado, cuando no suelo
hacerlo. Echo la vista atrás, y ese momento de la despedida, en el que me
salieron las lágrimas de forma instantánea, sin siquiera tener oportunidad de
contenerme, me arruina. Y no cesaron hasta haber terminado el día. Caían, incesantes, como
por todos los ojos de los que allí nos encontrábamos. Un final amargo de una
historia verdaderamente dulce.
Te abracé
todo lo que no había hecho en toda mi vida. No soy mucho de abrazos, no
demuestro nada. Y de momento no me arrepiento con nadie, excepto contigo. Has
sido de las personas a las que más he querido en toda mi vida, y a las que más
quiero, y me destruye el pensar que no te he demostrado todo lo que habría
querido y que ahora me es imposible. Me mata. Me odio por no haber sido
suficientemente buena contigo, por ese tiempo que estuvimos enfadadas por una
gran tontería y no supimos aprovechar. Por dejarte de lado cuando no te lo
merecías. Por ser un tanto borde contigo en los últimos días que te quedaban
aquí. Supongo que no quería asimilarlo, tan sólo era una ayuda para engañar a
mi subconsciente. Siento tantas cosas… tú nunca me has fallado. Y recalco el
nunca. Creo que eres la única persona que verdaderamente lo ha hecho. Siempre
tenías las palabras, el consuelo, las frases ingeniosas para hacerme sentir
bien. Y no pedías nada a cambio. Eres la persona que todo el mundo desea tener
a su lado. Y me siento afortunada por ello, aunque te tuviese menos tiempo del
que realmente hubiese querido.
Pero lo que
verdaderamente me mata es el recuerdo de estar las dos llorando, abrazadas,
mientras tú me decías: “nunca tendré una mejor amiga como tú”. Ahora
seguramente la tengas. Yo, en cambio, sé que nunca conseguiré sustituirte.
Ha pasado
mucho tiempo, un año y medio aproximadamente. Todo ha cambiado. Desde que te
fuiste, me he sentido sola numerosas veces, desubicada, desorientada. Sin ti
vinieron los problemas. Sufrí mucho, y debido a ello he cambiado. A bien, a
mal, quién sabe. Sólo sé que las pérdidas te hacen recapacitar, cambiar. Es
curioso cómo aunque sólo te tuviese a ti me sentía feliz, y ahora me rodeo de
mucha más gente y me siento sola. Supongo que es por el hecho de que te
necesitaba a mi lado. Bueno, y te necesito, aunque ya he aprendido a vivir con
ello.
No sé a qué
viene que pasado tanto tiempo me ponga a escribir sobre ti. Aunque, la verdad,
ya es hora. Te echo de menos desde entonces, y más ahora. Antes, por lo menos,
manteníamos el contacto eventualmente aunque fuese por una estúpida red social.
Y me hacía feliz: me contabas tus cosas, te contaba las mías, recordábamos
antiguas anécdotas, antiguas tonterías que teníamos en común. Era como volver a
tenerte a mi lado. Pero ahora has desaparecido de repente, y cada vez lo haces
más. Supongo que ya has conseguido desconectar, construir una nueva vida. Pero
yo sigo estancada, y no creo ni quiero cambiar.
Me acuerdo
absolutamente todos los días de ti, y cada día saco de nuestra caja de
recuerdos un momento que creía olvidado. Y sonrío. Aunque también me entristece
el hecho de pensar que no habrá nuevos. Y, bueno, no me voy a poner a
enumerarlos, porque también creo que eso es una cosa personal, que me quiero
guardar.
No leerás
esto, pero me da igual. Necesitaba desahogarme, volver a recordar. Llorar. Me dejo
muchas cosas, pero creo que es suficiente por esta vez. Te quiero. Y por lo
menos sé que allí eres feliz, aceptada. Según tú eras más feliz aquí, pero creo
que no. Se te ve abierta, cambiada. Y me alegro. Por lo menos una de las dos ha
ido a mejor.
Y, bueno…
si alguien lee esto, que se replantee el hecho de perder a alguien que en
realidad está muy cerca. Pide perdón ahora que puedes… o será demasiado tarde.
2 comentarios:
Pocas personas, más bien solo una, ha hecho que llore con las palabras. Y de repente vienes tú y expresas de la forma más perfecta lo que es sentirse sin futuro con la persona que creías que ibas a estar para siempre. Y enciam está al canción que pones 'say when'y el video, que es la gota que colmo el vaso.
No te explicaré por qué me siento identificada, porque al igaul que tú siento que nadie va a entenderme jamás como lo hizo esa persona.
Pero el aliivio del dolor compartido se ha instalado en un rincón de mi pecho "Hay más egnte que siente lo que tú" me grita.
Gracias por hacerme lloara, y darme cuenta de lo que realmente significa la distancia.
¿Demasiado cursi tal vez?
Lo siento.
Besos, Noelia.
Aish, muchísimas gracias Noelia, no sabes cómo me llenan estas cosas :) Y bueno, me alegro de haberte ayudado de alguna manera, aunque no sea directamente... pero eso, que con estos comentarios también me ayudas a mí y te lo agradezco muchísimo.
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