Muchas
veces pienso que soy masoca; me gusta sufrir. En reiteradas ocasiones soy yo
misma la que se produce ese sufrimiento, imaginándome las escenas que más dolor
me pueden causar, y no especialmente un daño físico. Y en el fondo me siento
bien, incluso completa. Y creo que he descubierto por qué.
Tiendo a
imaginarme escenas horribles, mis más terribles miedos, los que me hacen
estremecerme de terror, con los que puedo llegar a tener pesadillas: yo, sola,
reemplazada por cualquier otra, burlada, ofendida. Y siempre aparezco como
alguien débil, al que han traicionado, han abandonado. Y siempre, sin
excepciones, voy derrumbándome por las esquinas, sollozando de forma imparable,
como si la vida me fuese en ello. Y en un sentido figurado realmente sería así.
Y en el fondo deseo que eso ocurra de verdad, para sentirme débil, inútil; aún
más. Y poder encontrarme a mí misma, poder sentirme fuerte. Porque a pesar de
la debilidad que equivale a ese sufrimiento, dicha experiencia me hace fuerte.
Adoro sentirme así; poderosa. El poder es vencer. Y sólo soy capaz de sentirme así
en esos casos hipotéticos, no en la realidad. Necesito ser fuerte, porque
nadie lo es por mí. Necesito ser yo la que dirija mi vida, y no estas estúpidas
ideas que rondan por mi mente. Lamentablemente, esto sólo ocurre en estas
ocasiones.
Otro detalle
de estas ilusas historias es que alguien acude en mi busca, a mi rescate, a
sacarme de ese pozo sin fin al que llaman abatimiento. Y es un dato muy
singular viniendo de mí, que detesto depender de alguien, aborrezco la idea de
no ser capaz de valerme por mí misma. El caso es que me “salva”, y consigue
hacerme feliz. Y es curioso cómo siempre esa persona es la misma que en un
principio me abandonó, y se ha dado finalmente cuenta de que me necesita, se
arrepiente de haberme hecho sufrir. Yo me siento vencedora viendo cómo
intercambiamos los personajes que hace escasos minutos interpretábamos al contrario, y
me siento bien, bien de haber superado ese drama, de ser yo la que ahora sujeta
la victoria. Y esa persona suele ser siempre la misma en todos estos sueños. Sueles
ser tú, villano y héroe en el mismo papel. Drama y romanticismo en la misma
historia. Debilidad y fortaleza en la misma chica. Antítesis varias que forman
una peculiar paranoia de una subnormal como soy yo.
Tan sólo me
imagino estos burdos encuentros por sentirme querida, solicitada. Y la verdad
es que es triste que recurra a este método para que ocurra, y encima no sea
real. Necesito tener claro que me necesitan, porque yo ya tengo claro muy a mi
pesar que por mi parte sí es así. Y por eso mismo me siento débil, porque
querer es perder. Y perder es símbolo de debilidad. Así que necesito ser
consciente de que a los demás les ocurre igual conmigo, para no sentirme tan
inútil, para contrarrestar el dolor. Y, por fortuna o por desgracia, yo te
quiero a ti. La pregunta es… ¿sientes tú lo mismo?
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