sábado, 19 de abril de 2014

Perspectiva de una escapatoria.

Fue una cruda mañana de invierno
el día en el que me encontré huyendo
al igual que el cervatillo en el incendio,
lacerante, salvaje, cruel destino.
Mi destino…

Huía del adiós esperado,
de tus besos anhelados, pero rechazados,
del calor que desprendía tu mirada,
de la difícil y frugal jugada.
Mi jugada…

Huía del tintineo del despertador,
del café aguado mañanero,
del amor fugaz y verdadero,
del mundo de mi alrededor.
Mi mundo…

Pero sobretodo huía de la soledad,
de la permanencia, la insistencia,
del porqué de mi existencia,
de la falsa esperanza.
Mi esperanza…


Supongo que me cansé de mirar
hacia la nada, y encontrar
el vacío, la desolación, la espera
de quien desea sentir vida.
Mi vida…

Tú, hirsuto como la roca;
yo, transparente como el cristal.
Siempre chocando, siempre luchando,
una batalla difícil de ganar.
Mi batalla…

Simplemente, desplegué las alas,
heridas del paso del tiempo,
y eché a volar, en busca de aliento,
decisión, sueños, metas.
Mis metas…

Nadie dijo que fuese sencillo,
que encontrase la paz que no tenía,
que hallase mi camino, que en el fondo temía,
que mi obra cobrase sentido.
Mi obra…

Pero aprendí que el amor
se encuentra en la punta de los dedos
de aquel que teme amar,
que teme querer.
Que cuando uno lleva tanto tiempo buscando,
tiende a olvidarse de que encontrar es fácil
si buscas en aquel que se calla cómo se siente.
Que los besos curan heridas,
o abren las cicatrices más profundas.
Que la única forma de acallar mi frío
es la de lanzarme a tus brazos cual suicida lanzándose al vacío.
Que debo gritar lo que callo,
aceptar lo que rechazo,
devorar lo que vomito.

Que puedo realizar el viaje más largo,
recorrer lo que nadie ha recorrido,
experimentar lo que nadie ha experimentado.
Pero, si de quien verdaderamente huyo
es de mí, de ti, del pasado;
lo que vivimos, lo que sentimos,
lo que callamos, lo que anhelamos,
habrá valido la pena si yo, serena,
afronto la verdad, la templanza.
Haré la travesía más sorprendente,
innovadora, exigente,
pero, lo único que verdaderamente me salvará,
es enfrentarme al destino…


…mi destino.

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